Las lluvias persistentes frenaron las máquinas en la Zona Núcleo y crece el temor por la pérdida de calidad del grano. Hay alerta por el deterioro de los rindes en plena campaña.

El sector agropecuario atraviesa horas críticas. Lo que inicialmente se vio como un alivio tras la sequía, se convirtió en una pesadilla logística: el exceso hídrico en el norte de Buenos Aires y el sur de Santa Fe mantiene los lotes anegados, impidiendo el ingreso de las cosechadoras. Según especialistas, la humedad retenida en las vainas de soja podría generar brotado y enfermedades fúngicas, reduciendo drásticamente el valor comercial de la cosecha.

La preocupación no es solo del productor, sino también del Gobierno, que depende del flujo de camiones hacia los puertos para el ingreso de dólares. Si el clima no ofrece una ventana de sol de al menos una semana, los retrasos en la trilla podrían traducirse en pérdidas millonarias para la economía nacional, en un momento donde cada tonelada cuenta.

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