Más allá de la pérdida de peso, usuarios del fármaco reportan una extraña sensación de desinterés general. Los expertos explican por qué el mundo empieza a sentirse «gris».

El fenómeno del Ozempic ha cruzado una nueva frontera: la de la salud mental. Bajo el término «personalidad Ozempic», pacientes y psicólogos describen un estado de aplanamiento emocional donde los placeres que antes resultaban gratificantes (como una cena con amigos, el sexo o un hobby) ahora generan una respuesta indiferente. El sentimiento se resume en una palabra: meh.

Los especialistas señalan que el fármaco, al imitar la hormona GLP-1, no solo regula el hambre en el hipotálamo, sino que también interviene en los circuitos de dopamina. Al silenciar el «ruido» de la comida en la cabeza, el medicamento podría estar apagando involuntariamente otros deseos. No es depresión en el sentido clínico tradicional, sino una pérdida del entusiasmo motor que impulsa nuestras acciones diarias.

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