La leve caída que registró el precio de la carne en julio, confirmada por mediciones oficiales y privadas, genera nuevas interrogantes sobre qué ocurrirá en la etapa venidera. Los analistas del sector presentan un panorama donde agosto y septiembre no mostrarían variaciones ascendentes significativas, pero advierten sobre un escenario diferente cuando se aproximen las festividades.
El precio de la hacienda actúa como variable clave en esta ecuación de mercado. Su comportamiento incide directamente en el amesetamiento que se evidencia en las góndolas, determinando la cadena completa de valores desde la producción hasta la venta minorista.
Quienes monitorizan diariamente el comportamiento del sector ganadero y cárnico sostienen que existe una ventana de estabilidad relativa en los próximos dos meses. Esta circunstancia contrasta con períodos anteriores del año, donde las presiones inflacionarias afectaron múltiples segmentos de productos de consumo masivo. Para los hogares argentinos, esta pausa en las subas representa un respiro importante.
La lectura es clara respecto a agosto y septiembre: no se prevén saltos de precios que compliquen el bolsillo de compradores. Sin embargo, el panorama cambia cuando el calendario se acerca a noviembre y diciembre. En esos meses, la demanda estacional experimenta un incremento característico de las épocas festivas, lo que genera presión alcista sobre los valores.
Este doble escenario —quietud en el corto plazo seguida de potencial alza hacia fin de año— refleja patrones que el mercado ha mostrado recurrentemente. Los productores ganaderos y los operadores comerciales están conscientes de esta dinámica. En el horizonte cercano, la atención se enfoca en cómo se desarrollará la oferta disponible y qué ocurrirá con los costos de producción en las próximas semanas.
Imagen: Karina Halley / Unsplash – Con informacion de Clarín Rural





Deja un comentario